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CASA EN LA LADERA DE UN CASTILLO
AYORA, VALENCIA

El edificio se encuentra en un paisaje de una belleza singular, fruto de un crecimiento de naturaleza evidente. La montaña, coronada por el castillo, se encuentra cubierta por un manto de viviendas que mediante un sistema de agregación por yuxtaposición de piezas simples genera el tejido blanco fragmentado que se adapta a la topografía.

El proyecto propone integrarse en su entorno, respetando sus estrategias de adaptación al medio y sus materiales, alejándose de la mimesis que conduciría a historicismos engañosos, y mostrando el momento constructivo al responder a los requerimientos de los “nuevos habitantes”.

De esta manera la vivienda se concibe como una pieza depositada sobre el terreno, acoplándose al desnivel. Una pieza construida en la misma cal blanca, con la misma primacía del macizo sobre el vano, que aprovecha la arista del solar para disponer sus huecos e integrarse en la fragmentación del entorno.

El espacio interior de la vivienda se articula mediante el vacío en el que se encuentra el núcleo de comunicación dispuesto paralelamente al corte de la montaña, sin tocarla. En la planta baja se encuentran el garaje y la bodega, sobre ésta se dispone un volumen de dos plantas con cuatro estancias.

Dos de ellas, las habitaciones, en el nivel intermedio se abren a la calle privada; la otras dos en el nivel superior se asoman, por encima de las viviendas de enfrente, al valle de Ayora. Una de ellas, el estudio, se abre a su vez a la doble altura central, incorporándola a su espacio. Al otro lado del vacío, ya sobre la montaña, se encuentran las zonas de día que miran al jardín iluminado por la luz de sur reflejada sobre el talud oxidado del castillo.

CASA EN LA LADERA DE UN CASTILLO
AYORA, VALENCIA

El edificio se encuentra en un paisaje de una belleza singular, fruto de un crecimiento de naturaleza evidente. La montaña, coronada por el castillo, se encuentra cubierta por un manto de viviendas que mediante un sistema de agregación por yuxtaposición de piezas simples genera el tejido blanco fragmentado que se adapta a la topografía.

El proyecto propone integrarse en su entorno, respetando sus estrategias de adaptación al medio y sus materiales, alejándose de la mimesis que conduciría a historicismos engañosos, y mostrando el momento constructivo al responder a los requerimientos de los “nuevos habitantes”.

De esta manera la vivienda se concibe como una pieza depositada sobre el terreno, acoplándose al desnivel. Una pieza construida en la misma cal blanca, con la misma primacía del macizo sobre el vano, que aprovecha la arista del solar para disponer sus huecos e integrarse en la fragmentación del entorno.

El espacio interior de la vivienda se articula mediante el vacío en el que se encuentra el núcleo de comunicación dispuesto paralelamente al corte de la montaña, sin tocarla. En la planta baja se encuentran el garaje y la bodega, sobre ésta se dispone un volumen de dos plantas con cuatro estancias.

Dos de ellas, las habitaciones, en el nivel intermedio se abren a la calle privada; la otras dos en el nivel superior se asoman, por encima de las viviendas de enfrente, al valle de Ayora. Una de ellas, el estudio, se abre a su vez a la doble altura central, incorporándola a su espacio. Al otro lado del vacío, ya sobre la montaña, se encuentran las zonas de día que miran al jardín iluminado por la luz de sur reflejada sobre el talud oxidado del castillo.